Contra un trovo, dos sonetos ----------------------------- Hacia tí nos dirigimos, viejo Angón, a tus eras, ausentes de memoria; a tu iglesia, olvidada por la Historia; a tus campos, rebosantes de frescor.
Eres reino de lebrel y de pastor, ya no hay niños jugando a la pelota, las muchachas ya no juegan a la goma en los márgenes de tu calle mayor.
Las fachadas de tus villas se desconchan. El progreso no paró en tu estación. Mas despierta, Angón, porque las cosas tornan,
otra vuelta de la rueda terminó y los pueblos olvidados por la historia son ahora, objeto de pasión.
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Salta el corzo por tus valles, viejo Angón, las torcaces por tus pastos hacen cola esperando que por fin llegue la hora cuando acabe la cosecha el labrador.
Los corderos en tus pastos, viejo Angón, van rumiando entre trigales y amapolas juguetean persiguiendo mariposas vigilados por el perro del pastor
En tu ribera frondosa y rica en sombra, la avutarda aún anida sin temor tus cielos son surcados por alondras,
y se escucha el cantar de un ruiseñor. Son tus campos de flores una alfombra donde reposar por siempre, viejo Angón.
Contra un trovo, dos sonetos
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Hacia tí nos dirigimos, viejo Angón,
a tus eras, ausentes de memoria;
a tu iglesia, olvidada por la Historia;
a tus campos, rebosantes de frescor.
Eres reino de lebrel y de pastor,
ya no hay niños jugando a la pelota,
las muchachas ya no juegan a la goma
en los márgenes de tu calle mayor.
Las fachadas de tus villas se desconchan.
El progreso no paró en tu estación.
Mas despierta, Angón, porque las cosas tornan,
otra vuelta de la rueda terminó
y los pueblos olvidados por la historia
son ahora, objeto de pasión.
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Salta el corzo por tus valles, viejo Angón,
las torcaces por tus pastos hacen cola
esperando que por fin llegue la hora
cuando acabe la cosecha el labrador.
Los corderos en tus pastos, viejo Angón,
van rumiando entre trigales y amapolas
juguetean persiguiendo mariposas
vigilados por el perro del pastor
En tu ribera frondosa y rica en sombra,
la avutarda aún anida sin temor
tus cielos son surcados por alondras,
y se escucha el cantar de un ruiseñor.
Son tus campos de flores una alfombra
donde reposar por siempre, viejo Angón.